Sígueme por Email!

martes, 30 de junio de 2015

Ecologistas en Acción decepciona de nuevo a los chemtrailistas

ANECIL es supuestamente el acrónimo de Asociación Nacional Española Cielos Limpios, pero los que venimos observando sus disparates desde hace tiempo, sabemos que en realidad ANECIL debe significar Asociación Nacional Española de Conspiranoicos Iluminados.

Víctimas de un clarísimo efecto Dunning-Kruger, ahora nos vienen con que el Informe de Calidad del Aire en el Estado español durante 2014 realizado por Ecologistas en Acción no cubre misteriosamente la "la contaminación por rociado de químicos en la atmósfera por aviones". Sí señores, ANECIL no se refiere a la contaminación propia que genera la aviación, sino a los chemtrails.

Aquí os dejo un enlace al artículo de ANECIL

Pongamos que el autor se llama Gonso. Pues bien, Gonso se pregunta: "¿Por qué no reflejan los 702 medidores de calidad del aire todas las sustancias tóxicas? ¿Dónde está el aluminio, bario, titanio, estroncio, plomo, etc. que salen en las analíticas de agua de lluvia de todo el país?".

Y nosotros le preguntamos de vuelta: ¿dónde están esas analíticas de lluvia de todo el país en las que sale aluminio, bario, titanio, estroncio, plomo, etc.? Y relacionado directamente con ello, si esas estelas son chemtrails de metales como los citados ¿dónde se depositan? ¿Cómo es posible "fumigar" metales durante casi 20 años y no disponer de nada mejor que analíticas-fantasma para demostrarlo? Porque un articulista serio habría acompañado lo de "analíticas de agua de lluvia de todo el país" con un par de links o referencias a dichas analíticas.

Sobre por qué el informe de calidad no refleja todas las sustancias tóxicas se debe a un principio de economía y pragmatismo: porque no es necesario. Porque si hoy por hoy el aluminio no representa un problema para el medio ambiente, el informe de calidad no precisa dar datos irrelevantes para su fin. ¿Por qué no aparece el bismuto o el antimonio por ninguna parte? Pues eso.

A continuación Gonso elabora una lista de emisiones que presuntamente Ecologistas en Acción ha omitido a propósito en su informe. Esta lista es la que aparece en la Ley 34/2007, de 15 de noviembre, de calidad del aire y protección de la atmósfera y lo primero que nos llama la atención es que o ANECIL no se ha leído el informe, o están sesgando a propósito su contenido para alimentar su tesis conspiranoica.

Tomamos la lista de emisiones del BOE, el contenido de la cual, según ANECIL, ha omitido Ecologistas en Acción en su informe de calidad y vemos que ANECIL se equivoca o miente flagrantemente. En la página 4 se nos informa de la medición de óxidos de azufre, de nitrógeno, ozono troposférico, CO, hidrocarburos aromáticos policíclicos, metales pesados (arsénico, cadmio, níquel y plomo), partículas en suspensión (PM10 y PM2,5).
Los únicos grupos de sustancias de la lista que cita ANECIL que no aparecen explícitamente en el informe de Ecologistas en Acción son:

-Halógenos y sus compuestos.
-Cianuros.
-Policlorodibenzodioxinas y policlorodibenzofuranos.
-Sustancias y preparados respecto de los cuales se haya demostrado o existan indicios razonables de que poseen propiedades cancerígenas, mutágenas, xenoestrógenas o puedan afectar a la reproducción a través de aire.
-Sustancias que agotan la capa de ozono.

Y esto es así porque no representan contaminantes de primer orden de los que dependa la valoración de la calidad del aire que respiramos y, a menos que ahora nos vengan estos iluminados con que de repente los chemtrails consisten en compuestos de cloro, flúor o en dioxinas (o que hay evidencias de que estos compuestos representan una amenaza actual dadas sus concentraciones), no entendemos las objeciones de ANECIL al completo informe de Ecologistas en Acción.

Claro, lo que ocurre es que no aparecen por ningún lado las sustancias que la mitología chemtrailista atribuye a la composición de sus fantasiosos chemtrails: aluminio, bario y estroncio (y de paso titanio, vaya). ¿Será porque no existe propiamente contaminación aérea con estas sustancias? Obviamente, si las estelas consistiesen en estos metales, no necesitarías un informe nacional para demostrarlos. Cualquiera con un equipo adecuado (latas y filtros de muestreo de aire, cromatógrafos...) podría en principio detectar lo que debería ser una más que evidente contaminación por estos metales... pero parece que nadie lo ha logrado. Y no será porque no hay institutos, laboratorios, universidades, cooperativas, etc. que se dedican a ello. A parte de en el aire, también deberíamos, tras casi 20 años con la tontería de los chemtrails, observar en el suelo extensos estratos de acumulaciones de estos químicos. Pero no, resulta que todo el rastro que son capaces de dejar son, presuntamente, algo de aluminio en un campo perdido de Zamora. No dejemos de advertir que el BOE no cita entre las emisiones contaminantes ninguno de los compuestos que relata la mitología chemtrailista.

viernes, 26 de junio de 2015

J. Marvin Herndon, el geofísico chemtrailista

 J. Marvin Herndon
Recientemente ANECIL está distribuyendo un artículo titulado "El envenenamiento de la Humanidad y la Tierra por aluminio mediante geoingeniería clandestina" de un geofísico y químico nuclear llamado J. Marvin Herndon (https://en.wikipedia.org/wiki/J._Marvin_Herndon) en el que presuntamente demuestra que actualmente se está aplicando geoingeniería clandestina con cenizas volantes de carbón, y que esto lleva perpetrándose al menos desde principios de siglo. Como veremos, el artículo no solo no demuestra nada de esto sino que dista mucho de ser científico, algo que contrasta fuertemente con la competencia científica de este señor.
http://www.currentscience.ac.in/Volumes/108/12/2173.pdf

Estas son dos de las afirmaciones centrales del artículo: “Globally, for the past decade or more, with dramatically increasing intensity, our planet is being deliberately and clandestinely exposed to a non-natural substance which releases toxic mobile aluminum into the environment” y la otra, más irrelevante (porque precisamente es lo que tiene que demostrar): “There is much information and evidence on the Internet and in books that clandestine geoengineering activities have been taking place for years, perhaps going back to at least as early as the beginning of the 21st century.” 

Herndon, a pesar de ser científico, considera que esto constituye evidencia: “I have lived in the same house since 1977 and viewed the same area of the sky nearly every day. After the morning marine layer burns off, the sky in San Diego, California, USA, has been often cloudless; rain is infrequent here. The air is warm and dry, not at all conducive for the formation of ice crystals from high-altitude jet aircraft exhaust. Since the spring of 2014, I observed that the common occurrence of toxic geoengineering trails in the lower atmosphere (troposphere), which mixes with the air we breathe, was increasing in frequency”

Pero obviamente es una interpretación sesgada: que el aire sea seco y cálido en la región no implica nada con respecto a las condiciones atmosféricas en la troposfera superior. Que en 1977 no viera estelas y hoy sí se explica por el hecho de que desde entonces hasta ahora se ha quintuplicado (o más) el tráfico aéreo, lo que además de aumentar la probabilidad de formación de estelas, implica la apertura de aerovías en niveles superiores donde la formación de estelas es prácticamente segura de forma constante. De igual modo este señor omite el importante dato de la introducción de motores de alto índice de derivación a mediados o finales de los 90. Vamos, que esta evidencia no es científica sino que se apoya en un sesgo de percepción e información.

El autor adjunta fotos idénticas a las de cirrostratos ya sean naturales o inducidos por la aviación, y de estelas de condensación. Su argumentación de que se trata de “fumigaciones químicas” es gratuita e indocumentada. De hecho el aspecto de estos cielos es plenamente coherente con las razones argüidas en el párrafo anterior. De hecho tengo aquí mismo un libro de 1981 (edición original, bien anterior al surgimiento de esta tontería de la conspiración) llamado A Field Guide To The Atmosphere, de Schaefer y Day (págs. 132, 134, 137-39, 150-51, 214) donde no sólo vemos fotos similares a las que adjunta Marvin Herndon, sino que además explica el mismo fenómeno que Herndon adjudica a una conspiración desde una perspectiva científica, como la consecuencia natural de la interacción entre la combustión de hidrocarburos y la atmósfera en la troposfera superior. ¡Año 1981! Y no olvidemos que el campo pericial de Herndon no es la atmosferología y que miles de físicos atmosféricos contradicen, en su campo de disciplina, las afirmaciones arbitrarias (en cuanto a no acompañadas por evidencia científica alguna) de Herndon. No sólo eso, ningún físico atmosférico suscribe estas ideas conspiranoicas.

Otra de sus evidencias es: “By November 2014, the spraying from tanker-jet aircraft had become a near-daily occurrence, sometimes to the extent of causing the otherwise blue sky to be completely overcast with artificial clouds” que está igualmente gestada a partir de una interpretación apócrifa e iletrada de fenómenos perfectamente coherentes con la ciencia de estelas.

Llama poderosamente la atención la figura 6 del artículo de Herndon. Consiste en una gráfica que presuntamente representa la oscilación del índice de estroncio y bario entre el agua de lluvia “postgeoingeniería” y el lixiviado de cenizas aéreas de carbón. Si tomamos el patrón que forman los puntos negros, observamos que son una imagen especular exacta en el eje de abcisas (horizontal) (Sr/Ba en agua de lluvia) de los puntos blancos (Sr/Ba en lixiviado). Esto es imposible y sólo se explica por el hecho de que esta gráfica está manipulada.
Respecto a la gráfica leemos en el texto: 

“The range of Sr/Ba values for the rainwater and coal fly ash leachate is virtually indistinguishable, even though the rainwater samples were collected at different times, in different locations, under different degrees of toxic aerosol emplacement, and coal fly ash samples varied by location and composition”  lo cual acentúa la sorprendente coincidencia en los patrones de mediciones, que se corresponden al milímetro con sólo voltear verticalmente los puntos negros y superponerlos a los blancos.

Ni siquiera para las mediciones presuntamente hechas en Alemania de la concentración de diversos elementos que cita en la pág. 3 usa una referencia científica, sino una página web chemtrailista http://www.cielvoile.fr/article-concentrations-de-metaux-lourdsdans-l-eau-de-pluie-en-allemagne-118778899.html que para más inri es “HAARPtard” (esto es jerga interna. Si alguien no sabe qué significa puede consultarme en los comentarios).

Este Herndon parece increíblemente incompetente a la hora de valorar datos, incluso de dudosa procedencia, como los que cita. Dice, por ejemplo, que en la mayoría de muestras alemanas de agua de lluvia se encontró una concentración media de, atención, 17.68 µg/L (microgramos por litro). Quizá esto no les diga mucho a la mayoría de lectores, pero partamos del dato de que 1000µg/L es lo que se conoce como 1 p.p.m., o sea, una parte por millón. En estos términos, Herndon considera sospechoso que el metal más abundante de la corteza terrestre, presente en el polvo atmosférico, pueda presentarse en una concentración de 0,01768 p.p.m. en el agua de lluvia, cuando, por ejemplo, mediciones ordinarias hechas en 1967 en Ontario, Canadá, arrojaban valores de 0,80 p.p.m., lo cual está aun por debajo de 1 p.p.m. (A Preliminary Study of the Composition of Precipitation in S.E. Ontario, Canadian Journal of Earth Sciences, vol. 4, issue 6, pp. 1151-1160)



Herndon cita otro caso: “Rainwater evaporation concentrates the aluminum content. In one lined pond fed by rainwater and well water with undetectable aluminum content, the aluminum concentration of the pond water was found to be 375,000 µg/l” y lo referencia remitiéndonos a la web de Dane Wigington http://www.geoengineeringwatch.org/ Ahora ponte a comprobar la fiabilidad de este dato. Desde luego, si el artículo pretende ser científico, deja mucho que desear no sólo en los contenidos sino en los aspectos formales (no se puede usar como evidencia un dato sin referencia concreta, remitiendo a los lectores a una web sin más). En cualquier caso, como veremos a continuación, Herndon sólo consigue demostrar su ingenuidad. Este dato (375,000 µg de aluminio por litro en el agua de un estanque) es sin duda la lectura que usan en el documental “What in the world are they spraying”, the M. J. Murphy. En el documental se nos muestra el resultado de un análisis presuntamente efectuado con muestras del agua de un estanque, que es exactamente el que cita Herndon: 375,000 µg/l de Al. Y no, no es coincidencia, porque Herndon cita como fuente Geoengineering Watch, una de las plataformas de promoción del documental de Murphy. Y resulta que si nos vamos al documental, al minuto 30:01 https://www.youtube.com/watch?v=_iaVdAUhsrE&feature=youtu.be&t=30m1s, vemos en la parte superior del informe del análisis que la matriz de la muestra consiste en lodo (sludge) y no en agua. Aquí dejo una captura de pantalla del análisis mostrado en la película:


Resulta inevitable preguntarse entonces si 375,000 µg/l de Al en el lodo es una concentración normal o desorbitada. Si cambiamos de unidades tenemos 375mg/Kg, es decir, una concentración de 0,0375%. Teniendo en cuenta que un valor medio natural de concentración de aluminio en suelo oscila entre el 0,7% y el 10%, este valor resulta particularmente MUY bajo. No dejemos de advertir que el Al representa un 8% de la corteza terrestre. En este artículo http://pubs.usgs.gov/pp/1270/pdf/PP1270_508.pdf sobre la concentración de diversos elementos en los suelos de EEUU (el estanque del que se extraen las muestras que cita Herndon está en EEUU) vemos que la concentración media de Al en suelo es de 72,000 p.p.m, es decir, 72,000,000µg/l, lo que son 192 veces más aluminio que el encontrado en el lodo (que NO agua) de ese estanque. La única explicación para que un científico competente en su campo sea tan descuidado con la valoración de información en una disciplina científica diferente (pero en el fondo no tan alejada) son los sesgos. Aquí cae en la trampa de Murphy y Wigington y obvia el dato de que el análisis se refiere explícitamente al lodo y no al agua del estanque, arrojando un valor incluso muy bajo, lo que se puede explicar por el hecho de que el estanque fue construido recientemente.

La última página comienza con una afirmación conspiranoica en la que establece como hecho que estas lecturas se deben indudablemente a geoingeniería sin aportar mayores evidencias. Pero como hemos visto, ni siquiera estos datos están correctamente interpretados y no implican concentraciones anormales de estos elementos. Tampoco plantea una crítica científica a los centenares de artículos sobre estelas de condensación que abarcan más de medio siglo de ciencia atmosférica sobre el tema.
Por lo que a nosotros respecta, el caso de Herndon no es diferente del de un neurocirujano que crea que se puede curar el cáncer con bicarbonato y limón.

sábado, 20 de junio de 2015

ANECIL mete de nuevo la pata: no hay paradoja entre el aumento de la superficie de hielo antártico y el calentamiento global.

Por si a alguien le quedaban dudas de que ser chemtrailista implica ser negacionista del cambio climático antropogénico y por lo tanto servir con su discurso a los intereses del lobby del petróleo, aquí tenemos a esta "asociación" de iletrados de vuelta a la carga con sus sesgos de campeonato, para venir a decir que la tierra se está enfriando y que negar esto responde a los intereses de los "manipuladores del clima". Para ello citan una serie de artículos:

El primero no dice que no se esté produciendo calentamiento ni aumento del nivel del mar, sino sencillamente que el exceso de calor calculado en los modelos no parece provenir de su acumulación en la profundidad del océano, y que el muestreo realizado en los océanos del hemisferio sur es pobre y por lo tanto se estima que se está subestimando el calentamiento. Es decir, el artículo suscribe el calentamiento... o al menos no lo niega.

El segundo viene a decir que puesto que se han registrado máximos históricos en la extensión del hielo antártico, entonces el calentamiento no se está produciendo. En realidad el articulista, y por extensión los responsables de la asociación de iletrados a la que me refería, ignoran que el que aumente la extensión del hielo marino es coherente con diversas fases de un calentamiento global. Desde una perspectiva apócrifa resulta contraintuitivo que si hay calentamiento se aprecie un aumento en la superficie del hielo antártico, pero ¿qué nos dicen los científicos de esto? Pues con todo lujo de detalle (mucho más detalle que cualquiera de los articulillos referidos por esta asociación de iletrados) vemos que existen varios factores que explican el aumento de la superficie de hielo en un océano que aumenta su temperatura 0,17°C por año

  1. El enfriamiento de la estratosfera en la región antártica por el aumento del agujero de la capa de ozono lo que aumenta la fuerza de los vientos ciclónicos que circunvalan el continente antártico.
  2. Cambios en la circulación oceánica: el océano antártico consiste en una capa de agua fría próxima a la superficie y una capa de agua más cálida debajo de esta. El agua más cálida asciende a la superficie derritiendo el hielo marino. Sin embargo conforme aumenta la temperatura del aire, también aumentan las precipitaciones de lluvia y nieve, lo cual enfría las aguas superficiales, produciendo una capa superficial menos densa que la la capa inferior más salada y cálida. Las capas así se vuelven más estratificadas (por la diferencia de densidad) y con menor mezcla entre ellas, por lo que menos calor es transportado hacia la superficie desde las capas inferiores, provocando una reducción en el derretimiento del hielo marino.

Existe un estudio científico de JINLUN ZHANG (2007) que explica con todo detalle cómo puede aumentar el hielo marino en un entorno de condiciones de calentamiento del océano y la atmósfera.
Por supuesto esto es un fenómeno de transición que, localmente y desde una perspectiva poco informada, se interpreta intuitivamente como "enfriamiento". No obstante queda demostrado que el aumento del hielo marino no se debe al enfriamiento sino al calentamiento, por muy contraintuitiva que pueda parecer la idea. El hielo marino no aumentará ad aeternum en un entorno de calentamiento, sino que habrá un punto en el que este feedback positivo se invierta, es decir, en el momento en el que la T del océano y la atmósfera sea tan alta que el contrapeso de la distribución térmica de la circulación oceánica no permitan el crecimiento invernal del hielo marino y comience el declive.

El tercer artículo con que ANECIL apuntala sus ideas es este del Whasington Post que explícitamente dice que "The overwhelming evidence is that the Southern Ocean is warming" (La evidencia arrolladora es que el Océano Antártico se está calentando), y que los científicos están tratando de hacer lo que suelen hacer: tratar de comprender los fenómenos, en este caso, cómo es posible que aumente la superficie de hielo en un océano que incuestionablemente se está calentando. Ya hemos visto en el punto anterior que existen diversas explicaciones, pero es que además el artículo del Whasington Post cita explícitamente el artículo de Zhang al que me referí en el punto anterior.

A pesar de que Zhang dice que "I haven’t seen a clear explanation yet of why the winds have gotten stronger" (aun no he visto una explicación clara de por qué los vientos se han vuelto más fuertes), no cabe duda de que eventualmente lo sabrán... siempre y cuando sigan actuando como científicos en vez de conformarse con emitir elucubraciones iletradas y desinformadas como las que nos llegan desde ANECIL, que en su precipitación y fanatismo conspiranoico pretenden apuntalar sus delirios... con artículos que los desmienten. ¡FAIL!

El cuarto artículo es una perogrullada que no viene a aportar nada al discurso, a saber, que el punto más frío registrado en nuestro planeta está en la Antártida (registro de 2010). Más info aquí.